Tienes talento. Sí tú, lo tienes. Y yo lo sé. Y todo el mundo lo sabe, aunque tú creas que no. O aunque todavía no lo hayas descubierto. Aunque no lo hayas mostrado. Aunque no nos hayas dejado verlo, ni lo hayas echado a volar.
Tú, lector. En cualquier sitio del planeta. Sentado en el sofá, en el gimnasio, cenando, comiendo o bailando. Ahora mismo, ayer y mañana. Tú, amigo mio, tienes talento. No lo niegues, es absurdo. Créeme. Lo tienes.
Has estado ocultándolo tanto tiempo que tú mismo te has obligado a pensar que no es así, que todo el mundo vale para algo pero no es tu caso, tu no tienes un don. Pero perdona que te diga y no te molestes, lo tienes. Todo el mundo lo tiene. Implícito o explícito. Claro u oscuro.
Un arte empedernido que no podría tener nadie más que tú. Que no podría brotar de otra persona, ni prosperar en otro lugar que no sea junto a ti. Una habilidad que te hace diferente y sencillamente atractivo. Lo que más me gusta de ti. Lo que anhelo cuando no estás, lo que aborrezco cuando te tengo. Y tú sin saberlo.
Que sí, que tienes talento. ¿Cómo no ibas a tenerlo? Es algo innato. Un mineral que hay que explotar para lograr obtener una piedra preciosa, única y especial. Diferente. Solo hay que aprender a trabajarlo para hacerlo cada día más fuerte.
Tienes talento. Sí tú, lo tienes. Y yo lo sé. Y todo el mundo lo sabe. A tu manera, pero talento, al fin y al cabo, TALENTO.