En esta época en la que los estudiantes solemos tener los exámenes y estamos más agobiados que nunca, no se me ocurre mejor tema del que hablar.
Sé que para muchas personas un examen no significa nada, que no se ponen nerviosos, que no ven el miedo y que les da igual. Pero no es mi caso, así que no se me ocurría mejor ejemplo para reflejar la importancia del "cómo se afrontan las cosas" y "cómo deberíamos afrontarlas".En realidad, no se trata solo de la actitud que tenemos que tener los estudiantes en relación a los exámenes, sino la actitud que deberíamos tener todos en momentos de máxima tensión.
La mayoría de las personas ante un momento de máximo estrés se ciegan, y no ven más allá. Les entra pánico, y con el pánico el bloqueo, y con el bloqueo se produce un malgasto continuo de tiempo. Y esto no acaba aquí, porque con ese malgasto continuo de tiempo, uno se agobia más, y más y más, y se bloquea más y más, y así entramos en un círculo vicioso del que es muy difícil salir.
Muchas veces nos ocurre esto porque pensamos que lo que estamos viviendo es lo más difícil del mundo, que nuestra situación actual es la peor y, que si fallamos en la tarea de llevarla a cabo, es un fracaso y nos lleva a sentir la mayor frustración del mundo. Y esto es así.
Pero estoy aquí para deciros que no, porque sí, yo también lo pienso y me bloqueo, y me frustro, pero a veces, como hoy, tengo momentos de lucidez y entonces me doy cuenta de lo que de verdad ocurre y, lo mejor de todo, os lo voy a contar.
Lo que nos lleva al fracaso y con ello a la frustración no es el miedo, ni el sentimiento de agobio, sino la actitud. Obviamente no es lo mismo afrontar una cuestión de la manera más negativa posible que afrontarlo con positivismo. Dejemos de decir "¿Cómo voy a hacerlo?" y empecemos a decir "Voy hacerlo", y si eso no es suficiente, intentémoslo con ganas, hagamos todo lo posible, aunque luego salga mal. Al menos sabremos que no ha sido un problema de actitud, sino de simplemente falta de tiempo, mala organización, o mala suerte, que puede pasar.
Y esto es lo que nos pasa a la mayoría. Nos ponemos nerviosos por inseguridad, porque estamos convencidos o casi convencidos de que no podremos hacerlo, de que existe una gran posibilidad de perder el juicio, y de que la sentencia final va a ser la condena absoluta a la decepción. Pero no es así.
Por eso os pido que en esos momentos de negación absoluta, os planteéis una pregunta. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Y la contestéis. Y entonces, después de esto, lo intentéis, y peleéis y os enfrentéis a todo con vuestra mejor cara, y os pongáis a intentar buscarle solución a cualquier preocupación, obstáculo o impedimento. Porque todo tiene solución, aunque en ese instante no lo aceptemos. TODO.
Y ahora, vamos a por ello.
Nos vemos pronto,
Lucía.
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