Ojalá pudiésemos vivir una y otra vez algo como si fuese la primera vez. La primera vez que montamos en bicicleta, la primera vez que salimos hasta tarde, la primera vez que vamos a la discoteca, la primera vez lloramos hasta reír o reímos hasta llorar.
Ojalá pudiésemos hacerlo, aunque perderían todo lo que tienen, la ilusión, las ganas, la adrenalina y dejarían de ser únicas.
Ojalá se volvieran a repetir, y se volvieran a vivir con la misma intensidad, con los primeros nervios, con el nudo en el estómago, con el no poder dormir.
Cada persona lo vive de una manera diferente, pero a nadie le falta el hormigueo en la tripa, y os diría que tampoco un poco de ansiedad. Pero sobre todo entusiasmo y emoción.
Ojalá pudiéramos olvidar esa sensación y volverla a recuperar una y otra vez, sin parar. Poder sentir que algo empieza de nuevo, que te enamoras por primera vez todos los días, que es tu primer día del trabajo, que empiezas la universidad, que conoces a tus mejores amigos o incluso la primera vez que coges un avión para irte a otro punto del planeta tierra.
Pero supongo que en eso se basan las primeras veces, porque sino, no se llamarían primeras, se llamarían segundas, o terceras, o centésimas o milésimas. Y por eso son tan especiales,
Porque son irrepetibles.
Porque son increíbles,
y, sobretodo,
son inolvidables.
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