Las personas son como los viajes, todas intentan aportar algo. Aportar a la vida, a los demás, a alguien en concreto, a la humanidad en su conjunto.
Cada una de ellas tiene algo que la hace especial, que la hace diferente, aunque muchas de ellas parezcan iguales al resto, y sean una oveja más del rebaño.
Muchas de ellas prometen y nos decepcionan. Otras nos acaban sorprendiendo, por los sentimientos que transmiten, por los que provocan o incluso por aquellos otros que no provocan.
Hay veces que te quedas con ganas de más, y otras muchas que esperas olvidarlas pronto porque no son capaces de hacernos sentir nada. En cualquier caso, conviene no hacerlo, por aquello de no tropezar dos veces con la misma piedra.
Con unas repetirías un millón de veces, y volverías siempre porque te hacen sentir como en casa. Y son como tu hogar, al que nunca jamás renunciarías.
Tengo la suerte de estar rodeada con gente con la que repetiría una y otra vez, sin cansarme. Que me hacen sentir las mejores sensaciones del mundo. Gente a la que volvería siempre. Como si fueran el lugar más bonito del planeta, o simplemente, un lugar donde sentirme segura, donde todo vuelve a la calma cuando hay un vendaval, o donde encontrarme cuando estoy perdida.
Y eso, eso no lo cambiaría por nada.
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