lunes, 13 de marzo de 2017

Todo lo que me hubiera gustado saber con 16 años y que me costó aprender.

Con el paso del tiempo me he dado cuenta de lo ignorantes que somos con dieciséis años, y digo dieciséis por poner una edad en la que ya empiezas o tienes que ser consciente de algunas cosas y sin embargo, por imbecilidad absoluta, no somos. 

Con dieciséis años empiezas a creer que te comes el mundo, empiezas a salir con tus amigos y ya incluso a quedarte hasta altas horas de la noche. Con dieciséis empiezas a flirtear con chicxs y tendemos a creer que nadie puede salir mal parado, y sin embargo no es así.

Con dieciséis años piensas que eres el dueño de, absolutamente, todo lo que te rodea, y la verdad es que eres una mísera parte del planeta tierra y que lo que haces, generalmente, al resto del mundo le da igual.Pero tú a lo tuyo, tu sales de fiesta y las catalogas como "la mejor fiesta de tu vida", empiezas a beber y a darte cuenta de que no es tan malo como dicen (o eso piensas), empiezas a saltarte los horarios para volver a casa y todo te da igual. ¡Ay amigx, cuánto te queda por aprender...!

Van pasando los meses e incluso los años y si eres como yo, empiezas a darte cuenta de que algo falla. No eres tú, ni siquiera te pareces a lo que fuiste algún día y a lo que tenías pensado ser en el futuro. No eres una niña y desde luego que no, para nada,  eres un adulto. 

En algún momento de esa etapa tu mente dice hasta aquí, y es entonces cuando empiezas a arrepentirte de todo lo que hiciste, de lo que dijiste y de, por qué no, lo que no hiciste y lo que no dijiste. Y entonces se te desmorona todo, y empiezas a pensar, "¿Cómo se puede ser tan gilipollas?". Pero tranquilx, si estás en esta situación, no eres ni el primero ni serás el último. 

Y ahora, con casi 22 años, me doy cuenta de lo que es necesario un buen bofetón. Alguien que te pare los pies, que te frene, y que te haga ver que aunque nos creemos más listos que cualquiera, somos más tontos que nadie.

Si aún no has llegado a este punto, te queda mucho por aprender, pero,  hasta entonces, haz lo que quieras, disfruta y piensa, que es mejor arrepentirse de lo que has hecho, que de lo que no hiciste y nunca volverás a hacer. 



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