lunes, 3 de abril de 2017

LA RECTA FINAL.

Han pasado cuatro años desde que llegué aquí.  Cuando te independizas piensas que todo va a ser maravilloso, que vas a tener por fin la libertad que no habías tenido nunca y que encima, no vas a tener que rendirle cuentas a nadie.  Y es cierto.No tienes que dar explicaciones, puedes hacer lo que quieras, pero os aseguro que nunca jamás en la vida me había sentido tan perdida.  

El primer día de universidad me levanté contenta, una etapa nueva comenzaba y aunque yo ni siquiera sabía como había llegado hasta aquí, me sentía dispuesta a todo, con ganas y con mucha ilusión.  No os voy a decir que no me daba miedo, tenía mucho miedo y las primeras semanas no fueron nada fáciles. Empezar de cero nunca es fácil.

Conforme iban pasando los meses e incluso los años, la presión se me echaba encima, Cada vez había más cosas que hacer y menos tiempo para hacerlo, y muchas veces el agobio podía conmigo.   Los meses de exámenes son los peores y cuando te das cuenta de lo que tienes que hacer y el poco tiempo que tienes te vuelves loco. Aunque es cierto que yo nunca he sabido controlar ni los nervios ni el estrés. Aunque creedme que lo intento.

Han sido años muy duros, he tenido que aprender a callarme cosas, muchas cosas y a intentar llevarlo todo de la mejor manera posible. No os voy a negar que no ha habido ocasiones en las que he querido tirar la toalla, porque soy de las que piensa que  si lo que haces no te hace feliz, entonces es que igual no has elegido lo mejor, o que te has equivocado, o que te obsesionas tanto con sacar algo adelante que no eres capaz de soportar una frustración. Y en mi caso esto último es mi problema fundamental.

Pese a todo  ello he continuado y he intentado con uñas y dientes no tomar el camino fácil.  Y aquí estoy cuatro años después y entrando en la recta final.

He aprendido tantísimas cosas durante este tiempo que no sabría ni por donde empezar, y me ha servido para darme cuenta de que al final un camino puede ser más largo o más corto, pero todos somos capaces de llegar a la meta. Una persona trabajadora puede conseguir absolutamente todo lo que se proponga, aunque nos cueste más que a los demás. Pero, ¿ qué importa? nadie nos va a valorar el tiempo que hemos tardado en conseguirlo, sino si realmente lo hemos hecho.

Que nadie os diga nunca lo que podéis o no podéis hacer. Que nadie os diga que no sois capaces,y no
 os dejéis influenciar por aquellos que intentan que no lleguéis hasta el final.


No hay comentarios:

Publicar un comentario