Abandono escolar y cifras alarmantes, llegando a superar a muchos países y cerca de superar a Malta. Ese es el resumen de la noticia que leí ayer en el Diario de Navarra pero, ¿qué hay detrás de todo eso?
Desde pequeños se nos inculca que debemos estudiar, que tenemos que ser alguien en la vida, que debemos conseguir un buen trabajo y que sólo lo lograremos si seguimos una continuada educación: Infantil, primaria, secundaria, bachillerato o grado medio, universidad o grado superior, master, etc. Y es aquí donde empieza el problema. ¿Por qué?
Muchos padres se empeñan en que sus hijos vayan a la universidad o hagan un grado pero, ¿es realmente lo que nosotros queremos, o lo hacemos por presión? Es una pregunta idiota, pensaréis, porque si seguimos estudiando después de cursar los estudios obligatorios se supone que es lo que queremos. Sin embargo, la realidad hace que no siempre sea así y que nos veamos sin salida y "obligados", en cierto modo, a hacer algo que realmente no queremos hacer.
Partiendo de esta base, pocos saben cómo es el sistema por dentro. Hay muy buenos profesores que desde el primer día te apoyan, te ayudan, te facilitan cursar una asignatura y te motivan pero, ¿Qué hay de aquellos otros que día a día te generan más inseguridad, te humillan y sueltan aquellas frases de "no vas a llegar a nada" "esto no es lo tuyo" "no haces nada" "esto es porque no estudias " o " no vales"? ¿Qué hacemos con ellos? ¿No se supone que están ahí para ayudarnos y solucionarnos las dudas?
Recuerdo en primaria, tenía un profesor que cuando leía en inglés y me atascaba, decía que era tartamuda. Parece una soberana gilipollez pero eso me ha traído problemas a la hora de exponer en público, hasta el punto de que me generó tal inseguridad que prefería no hacerlo, y cuando no me quedaba otro remedio, me bloqueaba y de repente no sabía leer, me comía palabras, letras.. y hoy en día sigo intentando quitarme el miedo o el complejo. ¿Creéis que soy la única? Porque yo creo que no. Seguramente haya un millón de niños a los que le pase exactamente lo mismo.
Muchos no lo saben, tal vez porque no lo han vivido o porque no les ha tocado, pero la presión que sufrimos, a veces, desde pequeños, y sobretodo experiencias como la que os he contado más arriba, es lo que nos lleva a cogerle incluso asco a estudiar, a no querer ir al colegio, a no querer seguir estudiando y, es lo que lleva a muchos padres, a no entender por qué sus hijos ya no quieren ir a clase. Lo que no se esperan es que la culpa no sea del niño, tal y como se tiende a pensar, sino que algunas veces, es del propio profesor.
Está claro que tenemos que tener unos estudios mínimos y por eso hay niveles obligatorios, pero vamos a plantearnos, por una vez, que si a veces alguien quiere dejar de estudiar no es porque quieran estar todo el día de fiesta, no quieran hacer nada, quieran ser ninis etc. Sino porque realmente, la presión continua, el no poder más y el tener que aguantar que somos unos inútiles, nos lleva a hacerlo.
El problema es que no se educa para el mundo real, ni el presente, ni el que está por venir. No somos conscientes de la velocidad a la que cambia todo, y vivimos y nos educamos en el inmovilismo.
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