Un punto de inflexión se traduce, matemáticamente, en un punto donde los valores de una función continua (x) pasan de un tipo de concavidad a otra. Para que nos entendamos, el punto donde una curva pasa de ser convexa a cóncava o al revés.
Pongamos un supuesto de hecho en el que la función (x) no es otra que la vida misma, y que el punto de inflexión supone, simplemente, pasar a ver el vaso de medio lleno a medio vacío, el punto donde dices hasta aquí y le das la vuelta a la rutina. Y deja de ser una rutina para convertirse en una aventura.
A lo largo de la vida nos encontramos muchos puntos de inflexión y en la mayoría de los casos no nos damos cuenta. Cuántas veces hemos cambiado, de repente, el modo de ver las cosas, o incluso el modo de hacerlas, y lo hemos echado todo al aire para volverlo del revés. Porque sí, sin ningún motivo, sin ninguna razón.
Y muchas veces es necesario. Necesitamos ese momento en el que cambiamos todo de sitio para pasar a algo mejor. O peor. Pero sabemos que poco después llegará algo mejor, otra vez. Es necesario, aunque nos genere dudas, aunque tengamos miedo.
No podemos estar toda la vida metidos en una misma curva, en nuestra zona de confort, donde los días pasan sin novedades, y donde nunca podremos encontrar nuevas oportunidades que poder aprovechar .
Nuestra vida necesita giros. Miles de puntos de inflexión en una misma función que van surgiendo a lo largo de los años, de las etapas y los que suponen un punto y seguido, porque el punto y aparte, en este caso, no es una opción.
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